NOTICIAS ATGQ

Aprender a disparar: la mente del tirador

El tiro requiere una serie de mecanismos imprescindibles para el buen desempeño del tirador

Como en todos los deportes, el nuestro tiene una serie de mecanismos que son imprescindibles para el desempeño del tirador. Estos mecanismos son adquiridos, no innatos; nadie los trae desde la cuna.

Aprender la técnica correcta, afianzarla con el entrenamiento y trasladarla a la competición. Pero todo este proceso necesita no solo de una guía experimentada, sino de la férrea voluntad de trabajar por parte del alumno. Nada se consigue sin trabajo y sin dedicación.

a – El consciente
Esta zona maneja cada situación de una en una. Quienes dicen “yo hago muchas cosas a la vez” mienten. Lo que hace la mente es repartir pequeñas fracciones de tiempo para cada cosa, y esto da la sensación de simultaneidad. Siempre me gusta dar como ejemplo de esto, aquel juego en el que nos pedían hacer con un pie círculos en el sentido de las agujas del reloj, mientras con la mano y un lápiz, tratábamos de dibujar un 6 (que se hace en sentido contrario al giro de la pierna), y nos era imposible hacerlo sin que pierna y mano terminaran girando hacia el mismo lado.

b – El inconsciente
Es la zona que maneja todas las rutinas: respirar, parpadear, latidos del corazón, en fin, todo lo que hacemos simultáneamente a la acción que nos ocupa en particular. Esta zona maneja miles de cosas a la vez y aquí es donde se desarrollan y potencian las destrezas.
En este punto, algunos observarán que todas las acciones que cito más arriba las hacemos desde la cuna, pero si el mismo observador maneja un vehículo, sabrá que en el momento del aprendizaje de conducción debía estar atento a los cambios, el embrague, la calle, los semáforos… pero al poco tiempo de practicar ya no pensaba en qué lugar está la marcha que corresponde, solo la pone.
Esta es la evidencia de que también hay cosas aprendidas que se pueden pasar a la zona automática. Inconscientemente, nuestro cerebro graba las rutinas y cuando éstas se repiten sistemáticamente, todas iguales, la traslada de la zona consciente a la inconsciente y las maneja desde allí.

c – La autoimagen
El otro factor, el de la autoimagen, debe acompañar el crecimiento y fortalecimiento de las dos anteriores.

El tiro es un deporte de números.
 Personalmente, me ocupé de preguntarle a un grupo de tiradores “¿Cuál es tu puntuación en esta prueba?”.
Hubo muchos que en una prueba de 30 disparos (máximo posible 300 puntos), declaraban 230 puntos, por ejemplo, pero revisando las dianas después de la competición, observé que una gran mayoría arrancaba la prueba con series de 85/90 puntos para 10 disparos, lo que de seguir manteniéndose habría dado entre 255/270 puntos.

Pero muchos de ellos, después de esta serie excelente, bajaron a resultados de 60/65 puntos para los 10 disparos, que hacían una suma del total de la prueba, dentro de los 230 puntos declarados por el tirador.

Este fenómeno es lo que se conoce como barrera psicológica, y responde a lo que denominamos Autoimagen: si creo que no pasaré los 230 puntos, seguro que no lo haré.
La autoimagen es absolutamente modificable, permitiendo al tirador adaptarla a las nuevas destrezas que va adquiriendo. Pero ¡¡cuidado!!, no sin trabajo y esfuerzo.

d – La triada
Se define como el estado donde se conjugan en equilibrio los 3 elementos antes mencionados. Cuando la mente del tirador se encuentra trabajando en esa zona, es cuando su rendimiento es el mejor, cuando el potencial se despliega en toda su magnitud y los resultados se facilitan. El equilibrio de estos 3 factores es fundamental, pero es primordial que el desarrollo de los mismos sea absolutamente proporcional. De nada vale tener una autoimagen desproporcionada que no tiene relación con nuestras habilidades. Si creemos poder hacer 600/600, pero en la práctica no le pegamos al 10 más que una o dos veces cada 20 disparos, estamos errando el camino.

Por el contrario, tener una técnica excelente no será fructífero en resultados si nuestra autoimagen no nos permite pasar de los 500 puntos en una prueba de 600. Por más que en los disparos individuales le peguemos al diez con cierta facilidad, si pensamos que no podremos pasar de los 500 puntos seguramente no lo haremos y en consecuencia no conseguiremos buenos resultados, ya que seremos nuestro propio saboteador.

La visualización
Esta técnica consiste en repasar mentalmente, en un estado de relajación, los pasos y acciones que vamos a realizar, ya sea para un disparo de 10, un empuñe correcto, una postura determinada, la alineación correcta de miras, o por ejemplo, visualizarnos en una competición importante para así ir acostumbrándonos a los imprevistos, a las puntuaciones altas, al público, al periodismo, a la presión del compromiso, etc.

El cerebro humano no diferencia la realidad de la fantasía que generamos. Si practicamos las técnicas de concentración y visualización correctamente, en un punto no diferenciará lo que está inducido por nuestra mente y lo que es realidad. Por ello, tiene fundamental importancia la visualización de las técnicas y situaciones de los diversos compromisos, para enfrentarnos así al estrés de la competición.

El tirador que utiliza la zona consciente para disparar está expuesto a que lo venza la ansiedad y apure el disparo; mientras que quien permite a la mente inconsciente controlar los mecanismos del disparo, tendrá mejores resultados. Nuestro cerebro graba las acciones y aprende cuáles son las condiciones necesarias para soltar el disparo, siempre que se lo enseñemos bien en los entrenamientos, sin fallos. Por eso no se debe entrenar a la ligera. Los entrenamientos deben estar orientados a la correcta fijación de la técnica.

Cuando el tirador se espera a que el arma esté “parada” en la zona de puntería y las miras correctamente alineadas para presionar el disparador en cada tiro, el cerebro fija esta imagen como la correcta y con las sucesivas repeticiones de esta técnica en el entrenamiento tiende a transformar el mecanismo en automático. Por el contrario, si cuando entrenamos no nos importa que el arma no esté “parada” ni las miras alineadas correctamente, e igual soltamos el disparo para no bajarlo porque “total es entrenamiento”, el cerebro pensará que no es importante la alineación de miras y del arma y de cualquier manera presionará el disparador y nunca podremos “enseñarle” el mecanismo correcto y hacer que lo repita en cada disparo.

El mecanismo de pensamiento
Hay dos maneras de expresar una afirmación:
1- No falles al 10
2- Pégale al 10.

La primera es absolutamente negativa e introduce en el tirador la imagen del error y la de NO. Por el contrario, la segunda es positiva y contundente. Está demostrado que nuestros pensamientos no pueden ser antagónicos. No puedo pensar simultáneamente en que le daré al 10 y en que no. O una u otra. Por ello, es importante desarrollar el mecanismo positivo de pensamiento para el tiro (y la vida).

Conclusión

El entrenamiento debe ser consistente, serio y responsable.
— No se salte pasos.
— No evite el trabajo.
— No apure los tiempos.
— No subestime los detalles.
— Piense positivamente.
— Sea previsor y planee sus entrenamientos y sus competiciones.

Tomarse esto a la ligera es uno de los peores fallos de tiradores con enormes posibilidades pero poca valoración de la preparación, tanto técnica como mental. Ambas van de la mano de manera integral. No sirve hacer hincapié en una sin la otra.

Un tirador técnicamente excelente no tendrá rendimiento si su preparación mental es baja o inexistente.
Por el contrario, de nada sirve tener una mente serena si no conocemos los fundamentos técnicos del tiro.

Fuente: “Método de Determinación mental – La mente puesta en ganar” – Lanny Bassham